Según las previsiones de la Comisión Europea, las emisiones de gases de efecto invernadero del sector agrario comunitario se mantendrán globalmente estables de aquí al año 2030, ya que la reducción derivada de una menor cabaña láctea se verá anulada por el incremento procedente del aumento de la producción vegetal.
Las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del sector agrario de la UE disminuirán ligeramente en la próxima década, de acuerdo con las estimaciones de los expertos de la Comisión Europea publicadas en su último informe de perspectivas de los mercados agrarios. La fuerte disminución que se espera en la cabaña láctea contribuirá a una reducción de las emisiones pero esa caída se verá anulada por un aumento de los rendimientos y la producción de cultivos, que aumentará las emisiones de óxido de nitrógeno y el esparcimiento de estiércol en los campos.
Los expertos advierten, no obstante, de que este análisis podría estar sobre-estimando el impacto negativo de la agricultura sobre el medio ambiente y el clima, “ya que los modelos no tienen plenamente en cuenta los efectos beneficiosos de ciertas medidas de la PAC actual ni la evolución de las prácticas de gestión agrícola”.
Además, no se ha incluido en el análisis el secuestro de carbono en los prados. En cualquier caso, la Comisión Europea destaca su satisfacción por el hecho de que los resultados muestran que la huella del sistema alimentario de la UE es inferior a la media mundial para la mayoría de los productos.
La ganadería a juicio
De forma detallada, las proyecciones de Bruselas apuntan a que las emisiones de gases de efecto invernadero disminuirán muy ligeramente entre 2012, año que se toma como referencia, y 2030. En este último año, la digestión de los rumiantes será la responsable del 43% de las emisiones de GEI del sector agrario distintas al CO2, frente al 45% de 2012.
Una reducción del 5% (-10 millones de toneladas de equivalente en CO2) se deberá a la disminución de la cabaña láctea y a la mejora de la productividad de este sector. Sin embargo, esa reducción se verá anulada por un aumento de las emisiones de óxido de nitrógeno derivado, sobre todo, de la mejora de los rendimientos y la producción vegetal así como del esparcimiento de estiércol en los campos, cuya gestión tiende a reducir las emisiones de amoníaco y a aumentar las de óxido de nitrógeno.
En total, más del 80% de las emisiones agrarias de metano y óxido de nitrógeno están asociadas directa o indirectamente a la producción de alimentos para el ganado y de animales. Sin embargo, la huella medioambiental difiere considerablemente entre producciones: la más elevada por volumen de proteínas producidas es la producción de carne de rumiantes, seguida de la producción láctea; la más baja es la de proteínas de leguminosas y haba de soja, muy inferior a la huella de la producción de cereales.
En un escenario hipotético, que supone que el consumo europeo de proteínas procederá en un 50% de los vegetales y en un 50% de los animales (frente a una relación del 42%-58% en la actualidad), las emisiones agrarias de GEI de la UE se reducirían en un 6% en 2030, según la Comisión Europea.